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No me gusta leer

No se me había ocurrido pero…

Esta es la historia real de una niña que le dijo a su madre que no le gustaba leer.
La pobre mujer trataba por todos los medios que su hija de 10 años dejará la tablet,
aunque sea por un rato, y leyera. Aunque sea unas páginas. Pero nunca lo conseguí.

Hasta que la última vez, se armó de valor y le preguntó por qué no le gustaba leer.
A ella no le entraba en la cabeza que a su hija no le emocionara transportarse a otros
mundos. O, lo que es lo mismo, leer.
Se quedó helada cuando la niña le respondió que cuando se ponía a leer, le era imposible
concentrarse. Se acordaba de todas las cosas que había visto antes en su móvil:
YouTube, Instagram, Facebook, Tik tok, whatsapp y el email. Empezaban a pasar por su cabeza
un montón de imágenes a toda velocidad y eso no le dejaba poner el foco en las palabras
del libro.

La segunda reacción de mamá

La primera, como conté antes, fue quedarse helada. La segunda, cerrar la boca que
le había quedado abierta.
Parece una simple respuesta, pero en realidad no lo es.
Le hizo ver que,  tal vez y muy a su pesar, su hija tenía algo de razón. Y es que con tantos estímulos,
podía ser que el nivel  de atención y concentración bajara.
O… ¿Era una excusa más de la niña? O... ¿Era lo que la madre quería creer para no sentirse
tan frustrada porque no podía inculcarle el hábito de la lectura?

Y la tercera:

La tercera razón no podía ser otra que consultar con Mr. Google. Pues eso, la madre se metió
de cabeza en Internet y buscó estudios científicos y todo tipo de información que avalara o
desmintiera la respuesta de la hija.
Y encontró, entre otras cosas, un estudio reciente que dice que solo por tener cerca un
teléfono inteligente, se reduce considerablemente la capacidad de concentración de
una persona.
En el estudió hicieron un experimento que consistió en pedir a un grupo de estudiantes que dejaran sus teléfonos en otra habitación mientras hacían un examen. A otro grupo, se les permitió mantenerlo
en la mesa, en silencio y boca abajo.
Este segundo grupo tuvo un nivel de concentración bastante más bajo que el otro.
Y lo más notable fue que, aunque no estuviesen pensando en el teléfono, inconscientemente
sí estaban pendientes de ellos.

Por otra parte están los impulsos

A todos los seres humanos, e incluso a los inhumanos,  nos cuesta manejar los impulsos.
Está claro que depende de que clase sean, pero siempre tenemos que controlarnos, en mayor
o menor medida.
Por ejemplo, con algo tan simple como no salir corriendo a mirar un mensaje en el móvil
cuando suena una notificación. Estás cenando, el teléfono quedó en el sofá y te suena un mensaje
¿Qué haces?. Yo, si está mi hija, no me lanzó a por él para dar el ejemplo. E incluso digo algo tipo
«El mundo no se va a parar por no mirar el mensaje». Pero en el fondo, me muero de ganas
de ver quién es. En fin, que sí a los adultos nos cuesta, a los peques y adolescentes, aún más.

No quiero que suene a excusa pero ahora puedo entender mejor el caso de esta niña
y la lectura. 
No lo había visto desde ese lado.

Entonces ¿Cuál es la solución?

¿Quitarle el móvil a los peques cuando intenten leer un libro?
Mejor explicarles que es mejor centrarse en una cosa y no en veinte.
Y que sería bueno darle una oportunidad también a los libros.

Uno nunca sabe, tal vez… ¡se enganchan y todo!

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